Perros y Niños: Cómo construir una relación segura, sana y feliz en casa

Perros y Niños: Cómo construir una relación segura, sana y feliz en casa

La convivencia entre perros y niños sin duda puede convertirse en una experiencia profundamente enriquecedora para el desarrollo emocional y cognitivo de ambos. La psicología infantil ha estudiado ampliamente cómo la interacción con animales, especialmente perros, contribuye a mejorar habilidades sociales y emocionales, reducir ansiedad y reforzar sentimientos de seguridad y pertenencia.  Cuando se gestiona de forma adecuada, la relación favorece el desarrollo emocional, social y cognitivo de los pequeños, además de a la par brindar estabilidad emocional, autoestima, sentido de pertenencia y seguridad al perro. 

Beneficios de criar niños junto a perros 

La evidencia científica demuestra que tener un perro en casa puede impactar positivamente en el desarrollo de un niño. Investigaciones en Psicología del Apego muestran que los niños que conviven con un perro tienden a desarrollar relaciones de apoyo más estables, ya que los perros actúan como “figuras de apego complementarias”. Para muchos pequeños, el perro se convierte en su primer vínculo fuerte fuera del núcleo adulto, lo que fortalece la autoestima, la autorregulación emocional y la sensación de seguridad.

Estudios también han documentado que los perros ayudan a disminuir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y que el simple acto de acariciarlos puede generar oxitocina, conocida como la “hormona del vínculo”. Esta respuesta fisiológica genera bienestar, calma y reduce la experiencia subjetiva de ansiedad en el niño.

Desde el punto de vista educativo, la convivencia con un perro fomenta la responsabilidad temprana. Pequeñas tareas diarias, como acompañar a los paseos, revisar la cama del perro o participar en su alimentación, enseñan a los niños la importancia del cuidado constante de otro ser vivo. También refuerzan el desarrollo de funciones ejecutivas como planificación, memoria de trabajo y seguimiento de rutinas.

En cuanto a la socialización, numerosos estudios señalan que los niños que conviven con perros muestran mayores niveles de empatía, habilidades comunicativas y capacidad de interpretar lenguaje no verbal, debido a que aprenden a leer las señales corporales del perro y a adaptar su comportamiento en función de ellas. Esto no solo mejora su relación con los animales, sino también su capacidad para interactuar con otros niños y adultos.

Por si fuera poco, los perros fomentan la actividad física, lo que disminuye el sedentarismo y contribuye al bienestar general. La psicología ha demostrado que los niños con perros realizan más actividad al aire libre y presentan menor incidencia de problemas asociados al sedentarismo y el abuso de pantallas.

 

¿Qué tipo de perros suelen adaptarse mejor a los niños?

El entorno y la educación influyen más que la raza del perro, sin embargo algunos perros suelen integrarse fácilmente a hogares con niños debido a su temperamento estable y tolerante. Mas allá que recomendar alguna raza, ya que existen miles de casos de todo tipo de razas con buena y con mala relación, es mucho más importante la edad en la que integras al perro a la familia y el acompañamiento que le das para garantizar un caso de éxito.  Lo esencial es buscar un perro con buen equilibrio emocional, niveles de energía compatibles con la familia y una socialización positiva previa.

 

Cómo presentar un perro con un niño 

Una primera interacción adecuada entre perro y niño es clave para construir una relación segura. En psicología del aprendizaje se sabe que el primer contacto condiciona la percepción futura. Por eso, lo ideal es realizar la presentación en un ambiente tranquilo, sin ruido ni gritos, permitiendo que el perro se acerque voluntariamente y evitando cualquier acción invasiva por parte del niño. El adulto debe supervisar y guiar, enseñando al pequeño a saludar con respeto: dejar que el perro tome la iniciativa, evitar abrazos repentinos y no manipular orejas o cola.  

Es fundamental que al niño se le explique que el perro es un ser vivo, que siente, que tiene emociones, no es un juguete. Es importante educar al niño para que observe cuando es pertinente tocarlo, cuando debe respetar su espacio. Es importante enseñarle al niño que al igual que a ellos no los deben tocar en ciertas partes del cuerpo, a los perros no les gusta que les toques las orejas, la cara, que les jalen la cola o que les toquen los genitales. Se debe enseñar al niño a ser sutil, cuidadoso y cariñoso al tocarlo. Se debe enseñar al niño a respetar el espacio vital del perro, sus momentos de sueño, de alimentación, de descanso. Se debe enseñar al niño a jugar con respeto y cariño.

 

Normas básicas para una convivencia segura entre niños y perros

Los niños deben aprender que los perros necesitan espacios propios y momentos de descanso. Despertarlos mientras duermen, tocarlos cuando están comiendo o invadir su cama puede generar estrés. En etología canina se sabe que el estrés acumulado es uno de los principales disparadores de mordidas, incluso en perros tranquilos. El perro, por su parte, debe aprender reglas básicas como acudir al llamado, esperar órdenes simples y retirarse a su zona segura cuando lo necesite.

Para los adultos, la supervisión es imprescindible. Muchas señales de incomodidad canina —bostezar repetidamente, voltearse, evitar la mirada, poner el cuerpo rígido o lamerse los labios— son avisos previos antes de una conducta defensiva. Castigar un gruñido es un error frecuente, ya que el gruñido es un recurso protector del perro para advertir de que necesita distancia. Apagar la alarma sin abordar la causa solo aumenta el riesgo.  No debes castigar en exceso al perro, al igual que no se debe hacer con el niño.  Este ejercicio es importante para el adulto, tratarlos como dos seres vivos, sintientes y emocionlamente dependientes del adulto.


Actividades que fortalecen el vínculo entre niños y perros

La psicología del refuerzo positivo demuestra que las experiencias compartidas placenteras fortalecen el apego entre perro y niño. Pasear juntos, realizar juegos de olfato, participar en pequeñas rutinas de cuidado, practicar trucos con premios o incluso crear espacios de lectura en los que el niño lea en voz alta al perro pueden tener efectos terapéuticos. De hecho, varios programas escolares en otros países utilizan perros para mejorar la fluidez lectora y reducir la ansiedad, porque los niños se sienten escuchados sin juicio ni presión de rendimiento.

Estas experiencias aumentan la confianza del niño, mejoran su capacidad comunicativa y refuerzan la relación con el perro.

Si integras al perro como miembro de la familia, los acompaña en las actividades diarias su nivel de ansiedad será muy bajo y su convivencia con los miembros de la familia sera mucho mas sano.


Errores comunes que la psicología advierte

Pensar que “mi perro jamás haría daño” es una suposición peligrosa. La evidencia indica que cualquier perro, por equilibrado que sea, puede reaccionar defensivamente si se siente invadido, lastimado o sin vía de escape. También es un error asumir que el perro debe aguantar porque “el niño es pequeño”. La mejor convivencia surge del respeto mutuo: el perro tiene derecho a decir “no quiero” y el niño debe aprender a reconocer esas señales.

Otro error común es educar únicamente al perro. Desde la psicología familIar, se considera que cualquier relación saludable requiere aprendizaje bilateral: si el niño no comprende las necesidades del perro, la convivencia se vuelve tensa y aumenta el riesgo de incidentes.

Si los adultos se la pasan diciendo "no" al perro al acercarse al niño, si maracan preferencias muy drásticas, el perro puede sentirse en competencia ya que al final ambos buscan ser parte de "la mandada" osea de la familia, ambos tienen necesidades de pertenencia, necesidades emocionales.  Si los adultos de la casa son conscientes de esto y minimizan diferencias, la convivencia será mucho mas sana.


Cómo saber si la relación entre niño y perro va bien

Una relación sana se observa cuando el perro se acerca al niño de manera voluntaria y relajada, el niño respeta los ritmos del perro y no existen tensiones constantemente visibles. Cuando la convivencia fluye sin que el adulto deba intervenir continuamente y ambos disfrutan del tiempo juntos, es señal de que el vínculo se está construyendo de forma equilibrada.  Existen muchos casos de niños que crecen con perros bajo una relación de cariño y respeto, lo cual los hace ser adultos seguros y amorosos.


Criar niños junto a perros no solo es emocionalmente hermoso: la ciencia avala que esta convivencia mejora la empatía, la regulación emocional, el sentido de responsabilidad, la actividad física y el bienestar general. Con normas claras, supervisión adulta y educación adecuada en ambos lados, un perro puede convertirse no solo en una mascota, sino en un compañero de vida y un maestro silencioso que deja huellas para siempre.  Si quieres saber como se relacionará tu hijo con otros humanos en un futuro, observa como se relaciona con su perro.

 

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Meksi nace porque como hoomana amante de los perros no encontraba un solo lugar donde pudiera encontrar cosas de calidad y estilo para Paach. Por eso decidimos crear esta plataforma hecha con todo el corazón y con la ilusión de que muchos hoomanos encuentren aquí un lugar feliz para ellos y para sus perros.  Cada producto de meksi, es diseñado pensando en las necesidades que como hoomana comparto día a día con Paach. Cada producto, es pensado en que cumpla una funcionalidad, simple pero con estilo. 

Paach y yo compartimos todo el día juntos, convivimos con muchos hoomanos y perros, por lo que todos los productos son inspirados en insights y situaciones diarias de la vida en la ciudad.

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